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| Centro Habana. Foto: Carlos Egio |
Como me temía, después del viaje a Cuba vuelvo más contrariado de lo que salí. En estos días no puedo negar que he tenido tiempo de emocionarme escuchando a Silvio en la plaza de la Revolución (las raíces son las raíces), de echar en falta la libertad de expresión y de acceso a la información, de sentirme acosado por aquellos que intentan engañar al turista para sacar unos pesos, quizá buscando satisfacer necesidades básicas, quizá siguiendo la quimera del consumismo, pero también de sentirme como en casa en el lugar en el que residíamos en La Habana, de apreciar avances sociales impensables en la mayoría de países de la región, de ver pobreza y muchas veces desilusión y descuido tras más de cincuenta años de revolución estática, de conocer la Habana Vieja y Trinidad como ciudades restauradas y recién pintadas, al igual que Cartagena de Indias muñecas hermosas y maquilladas, muñecas sin alma; de sentirme seguro y pasear tan relajado como no lo hacía desde meses atrás, de contener la rabia y la impotencia ante un régimen que decide por su pueblo pero también de reflexionar si al fin y al cabo no nos coartan de la misma manera la especulación financiera y el FMI y el Banco Mundial en cualquier otro país, por no hablar del modo en que calla la violencia en la sociedad en la que vivo... todos tenemos que profundizar en la democracia. He disfrutado como nunca, o como casi nunca, del son y la salsa, del azul del Caribe en las Playas del Este y Playa Ancón, he vuelto a sentir repulsión ante unos Estados Unidos que se creen dueños del futuro de la humanidad dentro y fuera de sus fronteras y que continúan con un embargo económico sin sentido mientras apoyan, negocian y promueven dictaduras sanguinarias; me he creído en algún casco histórico de España en las callejuelas de La Habana, he intentado divisar la Península Ibérica desde el malecón frente a un océano en llamas y he saboreado como si fuera la última una tortilla de patatas hecha por Milagros, una de nuestras anfitrionas.
En estos días, en los huecos que me deje el trabajo, seguiré compartiendo impresiones y fotografías, que son muchas y que necesitan reflexión.

2 comentarios:
¡Qué texto tan poético! Me encanta. De nuevo el vínculo cultural que cruza el atlántico. ¿Recuerdas que en algún momento hemos hablado sobre ideas encontradas?. La realidad y el mito, las luces que no existen (para alegrarnos el alma a los románticos pero estresados europeos y a la vez para hacer incómoda la vida de los cubanos) Joder, ¡más ganas de viajar!
Ya sabes que aquí tienes un viaje pendiente. Colombia es también un país con una historia apasionante aunque aquí la cruda realidad haya dejado poco espacio al romanticismo. De todas formas hay proyectos puestos en marcha por la comunidad muy muy interesantes que podríamos visitar. Es impresionante la resistencia de mucha gente. Un abrazo!
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