Ayer fuimos a una de las salidas de campo que organiza ColyFlor, una tienda de comercio justo de Medellín puesta en marcha entre la Asociación Campesina Agroecológica de la Región de Boquerón (ACAB) y la Corporación Ecológica y Cultural Penca de Sábila. Después de una pequeña charla introductoria al mundo de la agroecología, nos llevaron a visitar la finca de doña Marta Guerra, una campesina que mantiene el trabajo que comenzara su padre en los años noventa. Como ella misma nos contaba, los primeros momentos los afrontaron con algo de escepticismo pero “gracias a dios ha dado resultado”. Tanto que con menos de tres mil metros cuadrados no solo da trabajo semanalmente a cinco personas sino que también ha conseguido superar los efectos de las lluvias que azotaron el país en los últimos meses con menos pérdidas que los vecinos que utilizaron químicos.
Diez años duró el proceso, “de tajo en tajo”, hasta convertir toda la huerta en ecológica. Fue necesario darse cuenta de que era más importante nutrir el suelo que fumigar y descubrir que remedios caseros como el “ajoají” –como no es difícil deducir, una mezcla de ajo y ají- podían terminar con plagas como la del gusano mojojoy. Eso sí, aprendiendo del ensayo y error hasta conseguir las medidas adecuadas.
El trabajo en la finca es duro. En lugar de comprar abonos, y como no hay suficiente superficie como para tener una vaca que en estas condiciones contaminaría el agua, “el compostaje se brega [amasa] con lo que resulta de la huerta y a veces con gallinaza y marranaza comprada”. Como las gallinas y marranos no han sido criados en este mismo lugar es necesario solarizarlo todo tapándolo con plásticos “y con el calor en mes y medio, dos meses, se matan los venenos”.
La agroecología en la zona comenzó como una iniciativa de la Corporación Ecológica y Cultural Penca de Sábila que en 1991 se propuso rescatar una laguna que estaba siendo drenada por su dueño y que iba a dejar a las familias del lugar sin tres de las quebradas que las surtían de agua. Conseguido su objetivo, la corporación hizo un análisis de colinesterasa para medir el nivel de toxicidad por uso de fertilizantes y pesticidas químicos en los campesinos y descubrió que era elevado y que algunas familias presentaban síntomas como migrañas, mareos o vómitos. Por eso, junto a la Universidad Nacional , se propuso una nueva forma de cultivar a las cinco familias más afectadas.
Como los comienzos nunca son fáciles, se empezó fomentando el autoconsumo con el fin de conseguir la tan anhelada soberanía alimentaria y con el tiempo, de una manera casi espontánea, empezó a darse la comercialización, nos explicó William Álvarez, uno de los trabajadores de ColyFlor. Hoy día son ya más de doscientas las familias que se han adherido a las técnicas agroecológicas a través de la Asociación Campesina Agroecológica de la Región del Boquerón (ACAB) y la demanda de productos supera a la producción.
Tal y como nos explicaron la agroecología busca tres objetivos principales:
- El social: a través de prácticas como la equidad de género. Es decir, que las mujeres puedan manejar parte de la producción para adquirir autonomía. “El marido se cree el rey porque lleva el mercado y llega borracho”.
- El político: “que deje de mirarse lo económico como algo familiar, que se vea como algo comunitario y que los campesinos entren en la vida del municipio y la vereda”. Es básico para la agroecología la tenencia de las semillas, que se deje de comprar a las grandes multinacionales como Bayer y Monsanto recuperando la autosuficiencia. “Es resistencia [frente al capitalismo y las grandes corporaciones] algo tan sencillo como hacer extracto de manzanilla para las plagas”, comentaban.
- El Ambiental: se podría resumir en una de las frases de doña Marta “yo trabajo de la mano de las babosas, no en contra de ellas”.
En cuanto al comercio justo a través de la marca ColyFlor, creada en 2003, el fin es que se reconozcan mínimamente los gastos de producción para que haya unos márgenes de beneficio para el campesino que permitan una vida digna. Visitando la finca de doña Marta desde luego parece que este punto ha sido conseguido.
En la tienda además de los recorridos agroecológicos se organizan cursos de cocina y conversatorios. Puede encontrarse más información en este enlace: ColyFlor.
“Que se vea que el campo es rentable y que merece la pena estar allí”.
2 comentarios:
Me gusta mucho el comentario de doña Marta, que le dio el título a tu relato.
¡Larga vida a ColyFlor!
y a las señoras que trabajan de la mano de las babosas! : )
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