Me acerco al kiosko de información turística para que me den un mapa de la ciudad. Alrededor, la plaza Botero y sus gordas brillantes del contacto con los curiosos, el Museo de Antioquia y el elegante Palacio de la Cultura. Ajenas a todo lo que les rodea, unas señoras preguntan al encargado cuáles son los centros comerciales más famosos y cómo llegar. “En nuestra ciudad no hay de eso”, comentan ilusionadas.

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