Entre frenazos y acelerones el conductor de la "buseta" que me lleva a una reunión de trabajo en el centro canta a voz en grito, con más grito que voz, las canciones románticas que vomita la radio. En lugar de protestar los pasajeros se regalan sonrisas de complicidad sintiéndose comunidad en este pequeño universo zigzagueante. Eso es Latinoamérica.

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