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| Foto: Carlos Egio |
Parece mentira que a tan solo unos minutos del metro de Medellín uno pueda encontrarse con un lugar así. Abajo quedan el bullicio de los coches y su polución, la humanidad vibrante, los colores llamativos de los carros de frutas, el rebusque del centro, los ritmos latinos como latir e incluso una violencia silenciosa capaz de atenazar sin ser nombrada.

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