Llevo unos días pensando que podría ser interesante plasmar algunas imágenes cotidianas de Medellín, la ciudad en la que vivo, mediante micronarraciones. Al fin y al cabo se trata un lugar exótico viniendo de España aunque es cierto que después de un año aquí, y en mi tercera visita, tengo que hacer un esfuerzo importante para desentrañar aquello que no me era tan familiar en Murcia o Madrid. En este momento casi me parecen menos comunes las placitas con terrazas como la del Dos de Mayo o la Plaza de la Flores que los puestos de fruta ambulantes o los vendedores de dulces de los autobuses.
Esas postales narradas de las que hablo empezaron a surgir casi sin que me diera cuenta como actualizaciones del "estado" de Facebook con las que quería mostrar a los amigos cómo es el mundo que me rodea. Cuando ya llevo más de una decena me he dado cuenta de que ese limitado número de palabras es una medida precisa para contar una estampa y mantener la atención del lector.
Como no podría ser de otra forma pondré la lupa más en unas situaciones que en otras; no se trata de una narración científica ni de una descripción de los lugares turísticos sino de una mirada curiosa a las cosas del día a día.
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